Casi toda empresa tiene objetivos. Lo que no siempre tiene es una estrategia: una definición clara de dónde competir, a quién atender y qué dejar fuera. Sin esa definición, cada oportunidad parece razonable y el equipo termina haciendo mucho, pero en distintas direcciones.
Cómo se nota que falta estrategia
- Se aceptan proyectos o clientes que no encajan, por miedo a perder ingresos.
- Cada área trabaja con prioridades distintas.
- Las decisiones se toman según la urgencia del día y no según una dirección.
- Cuesta explicar en pocas palabras qué hace la empresa mejor que otras.
Estrategia es elegir
Definir una estrategia no es escribir un documento largo. Es tomar tres o cuatro decisiones que ordenan todo lo demás y que el equipo pueda repetir: a quién le vendemos, qué problema resolvemos mejor que otros, qué no vamos a hacer y cómo sabremos que estamos avanzando.
Decir que no a lo que no corresponde libera tiempo, equipo y presupuesto para lo que sí genera resultados.
Preguntas para empezar
- ¿Quiénes son los clientes con los que mejor nos va, y qué tienen en común?
- ¿Qué oportunidades aceptamos el último año que no deberíamos haber aceptado?
- ¿Qué debería lograr la empresa en los próximos doce meses, y cómo lo medimos?
- ¿Cada área sabe cómo aporta a ese resultado?
Si las respuestas cambian según a quién se pregunte, la dirección todavía no está compartida. Ese es el primer punto de trabajo, antes de cualquier plan.
¿Tu empresa necesita una dirección más clara?
Conversemos y definimos cómo podemos trabajar juntos.
Agendar reunión